CAPÍTULO I. FUNDAMENTOS BÍBLICOS DE LA ALABANZA Y LA ADORACIÓN CRISTIANA

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1.1 Concepto bíblico de la alabanza

“La alabanza, de acuerdo con la Biblia, consiste en una expresión verbal y comunitaria en la cual el pueblo de Dios exalta las obras, el carácter y la fidelidad de Dios. No es únicamente una manifestación musical o emocional; por el contrario, es una respuesta consciente a la revelación divina. En las Sagradas Escrituras, la alabanza se encuentra profundamente vinculada al reconocimiento de quién es Dios y por lo que Él ha hecho en beneficio de su pueblo.

En el Antiguo Testamento existen diversos términos hebreos para describir el acto de alabar; entre ellos se encuentra la palabra ḥālal, que significa celebrar, exaltar o gloriarse en Dios. De este término se deriva la expresión “aleluya” (Ortiz Valdivieso, 2000; Salmos 150:1–6). La alabanza está asociada al culto en el templo, la proclamación pública y la gratitud por la salvación del Señor. Los Salmos son la muestra más significativa que podemos encontrar de esta práctica, mostrando que la alabanza, ya sea de forma individual o comunitaria, se encuentra en todos los aspectos de la vida del creyente.

En el Nuevo Testamento, la alabanza continúa mostrando su carácter teocéntrico, alcanzando una claridad cristológica. La congregación cristiana primitiva alababa a Dios a través de Jesucristo (Efesios 5:19-20; Colosenses 3:16), reconociendo que en Él se cumplieron las promesas de redención que Dios había anunciado en la antigüedad. Por ello, la alabanza no celebra únicamente la creación o la providencia divina; también exalta la obra redentora cumplida en Cristo. De este modo, el acto de alabar se convierte en una manifestación visible de la fe y en un medio de fortalecimiento en la iglesia.

Se puede afirmar que la alabanza bíblica es una respuesta del creyente, basada en la verdad revelada, enfocada en glorificar a Dios siempre a través de Cristo Jesús, ya sea de forma individual o en comunidad.”

Tomado de «Ministerio de Alabanza Bíblico: Guía teológica y pastoral para formar ministros de alabanza centrados en Cristo», (p. 24), por Víctor Jonás Lozano Cruz.



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